( panacentaura de Marte )
en la segunda tormenta, algo no sobrevivió y se sintió en toda la ciudad. esta vez el viento fue brutal y la nieve caía con dureza. llegó a cubrir en una noche casi un metro y medio. por la ventana no se veía otra cosa que el color blanco de un invierno marciano. ahí comenzó un breve período de aislamiento ya pronosticado para el cual estábamos preparados
-si no nos alcanza la comida, podemos vivir de agua como dos semanas, pero con lo que tenemos, creo que nos va a sobrar
-más te vale, no quier volver al hambre, al menos no así
-yo creo que va a ser lindo. vamos a estar juntos, sin nada más que hacer que vivir, como antes, pero acá adentro
-bueno, asegurate de que tengamos todo. anunciaron la segunda tormenta para pasado mañana. y vení a la cama que ya tengo sueño
la tormenta se adelantó y esa misma noche quedamos encerrados. tuvimos tiempo de hacer algunas llamadas antes de que se cortaran las telecomunicaciones
por la mañana, abrimos las persianas y dejamos entrar un resplandor pálido y opaco
ella otra vez se miraba los omóplatos en el espejo, y luego hacia la ventana cerrada y negaba con la cabeza, con cierta nostalgia quizá hasta dando un poco de todas las decisiones tomadas. sabíamos que en Verlén, por ejemplo, el invierno no era tan cruel, que se asemejaba un poco más al invierno de Santa Cruz o Río Negro, que en Verlén era más difícil vivir para gente como nosotros, pero que allá no nos hubiera encerrado a la fuerza. ella movía los omóplatos y negaba y yo hubiera querido ser el sol
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